
Guisote cortijero, celebrado al aire libre en el cortijo de Ibamalillo.
Como todo pasado, tiene sus códigos y costumbres, y son éstas las que día día se están perdiendo cada vez más. En una sociedad actual, donde solo importa tener el mejor coche, la casa más bonita y la ropa más cara...me pregunto si la gente es más felíz que treinta o cuarenta años atrás.
A lo largo de mi recopilación fotográfica de Arahal, he observado que antiguamente había más humanidad, la gente salía a la calle y repartía lo poco que tenía, se organizaba una comida constantemente, daba igual el sitio, lo importante era pasar un buen rato entre amigos y familiares.
La forma de comer era a la usanza campesina compartiendo la comida en un mismo recipiente.
En los peroles y cuencos, saboreados así por el colectivo partícipe, se hacía la cuchará y el paso atrás para dejar, así, asequible el perol al resto de los comensales, como observamos en la foto que expongo a continuación, donde un grupo de familiares y amigos comparten gazpacho a la sombra de una chumbera.

Me resulta de un civismo y de un humano… sorprendentes. Una forma eficaz de que cada cual se procure lo suyo sin entorpecer que el prójimo haga lo propio.
Cuando tenemos fórmulas tan solventes ya inventadas y probadas ¿por qué nos cuesta tanto aplicarlas? Imaginaos el “cuchará y paso atrás” aplicado a otros aspectos como la economía mundial: que cada cual obtenga, de lo que hay, lo que necesite para su aquí y su ahora y deje paso a los demás para que también satisfagan sus necesidades actuales y que, a su vez se apartarán para que vuelvan los primeros u otros nuevos.

Lo cierto es que pronto empezaríamos que si siempre cocina el mismo, que si tú comes más que yo, que si a tu cuchara le cabe más, que si quítate tú para ponerme yo… Por eso sólo funciona en una jornada de convivencia como es un Perol, porque allí va la gente no a competir, sino a disfrutar. Una actitud que deberíamos adoptar ante a la vida en todas sus vertientes.

















































